sábado, 4 de junio de 2016

Confesiones de Dulcinea





Cuando recordé tantas cosas, supe de una vez por todas, que el mayor enemigo que tenemos es uno mismo, soy quien me limita, soy quien me derrota, soy mi debilidad, cuando quiero ser mi debilidad.

Y muchas veces me saboteo y culpo al mundo de mi cobardía para sentirme mejor. Para aligerar el peso de mi conciencia por las noches, para que mi cama no me atormente en mi descanso y me almohada sirva de consuelo a mis lamentos, pero observo el lugar donde decidí estar, tan incorrecto y funesto, pero fue mi decisión.

Y aun cuando reconozco el intento de ellos por salvar mi alma, tengo miedo, mucho miedo, el se apodero de mi y no me deja ver lo que tanto ansió ver. Una vez más mi destino es arrebatado por terceros, lo dejo en manos de ellos, los verdugos de mi alma, que aún hoy día me matan, porque esto es lo "correcto".

Lamento estar aquí, porque así se dieron las cosas, porque hay mucho en juego, por mi culpa, simplemente mi culpa. No pueden salvar a quien no quiere ser salvado, aun no conozco esa sensación de libertad plena, de pensamiento y de conciencia; esa de la cual muchos hablan y entendemos pocos.